• Jos Carpio

"All Too Well" y cómo lo recordamos todo siempre tan bien

Recomendación: lee este post escuchando la canción, dura casi lo mismo.


Tenía 15 años la primera vez que la escuché. Seguramente fue durante los últimos meses del 2012, cuando por ese entonces, solía descargar todas las canciones de cada álbum para luego subirlas al iTunes, tal y como me lo había enseñado una vieja amiga.


Siendo sincera, a pesar de ya amar a Taylor, al inicio "All Too Well" no era una canción a la que le había prestado atención. De hecho, había pasado de ella con la misma facilidad con la que pasaba cualquier canción acústica y lenta, porque en esa época yo estaba locamente obsesionada por el dark wave y el punk.


Pero eso cambió en el 2016 cuando me enamoré.


Lo recuerdo bien. Fue en noviembre de ese año. Yo tenía 19 y estaba atravesando mi primera ruptura de verdad, una que no era de acuerdo mutuo como lo había sido la anterior. El suelo me temblaba, me faltaba el aire, le rehuía a la comida o a cualquier cosa que simplemente me hiciera sentir algo mejor. Lo único que quería era seguir sintiéndome fatal, tal vez en algún intento insensato por siquiera seguir sintiendo algo.


Por ese tiempo, el miedo que tenía a olvidar el concepto completo de alguien era una idea terrible para mí, es por eso que intentaba fuertemente aferrarme a los recuerdos de ese breve-no-tan-breve periodo de tiempo.


Entonces, un día—o una noche, quién sabe—en el que todavía quería seguir metiendo el dedo en la herida para recordarlo todo muy bien, me crucé con la presentación en vivo de "All Too Well" del 2012. Esa de los Grammys, donde Taylor se reducía a relucirse en su esencia más absoluta: siendo solo ella y su instrumento sobre un escenario.


Se veía hermosa en el sentido efímero de una bruma melancólica, como si se tratase de una burla descarada por el vestido largo de princesa que llevaba puesto y que te hacía pensar en esas princesas de Disney o Barbie y sus finales felices.


Pues bueno, no había un final feliz para "All Too Well".


Ni para mí en ese momento.


Cuando escuché la canción, lo sentí todo. Sentí cómo cada letra, en cada nota de cada acorde, se iba introduciendo por las puntas de mis dedos de las manos y los pies, y empezaba a recorrer mi cuerpo entero, tinturándome de un anaranjado iracundo. Sentí las ganas de gritar, el querer destrozar todo cada vez que la guitarra rompía. Sentí cada frase, cada metáfora, cada situación incluso si era algo que no había vivido. Sentí ese perfecto BRIDGE y, sobre todo, lo recordé todo desgraciadamente muy bien.


Tan bien que quería morirme en ese instante tan solo para volver a nacer, dejar que un idiota de cuarta me hiciera sentir miserable, escuchar de nuevo esa canción por primera vez en serio, llevando cada emoción a flor de piel, y volverme a sentir tan moribunda, tan catártica.


Se sintió como todos los colores agolpándose al mismo tiempo, pero sobre todo, se sintió rojo y naranja. Precisamente, como la mezcla que tiene un sol de verano en el atardecer. La realidad era que quemaba, ardía, explotaba.


Me tomó solo una decepción amorosa el poder empatizar con "All Too Well" para que se haga una de mis canciones favoritas. Por eso, cuando en una entrevista, Taylor reveló que la verdadera versión de esa canción duraba más de 10 minutos, supe de pronto que yo solo estaba existiendo y viviendo por una sola cosa.


Y sucedió...el año pasado.


Las circunstancias por las que se suscitó el tema de las regrabaciones, así como la revelación de "All Too Well (10 Minutes Version) (Taylor's Version)", es un tema aparte que conlleva extendernos más de lo planeado. Pero para hacerla corta, el fanbase de Taylor llevaba una vida esperando ese momento. YO llevaba lo que parecía una vida, esperando ese momento. Y además, se lo debía a mi yo de 19 que había cantado desconsoladamente una y otra vez con, como diría mi hermana, la canción de la chalina.


Así que sí, este artículo se trata de "All Too Well" y cómo lo recordamos todo tan bien, pero también de cómo se sintió escuchar esa canción en su versión extendida, qué colores emanó, a qué sabía, cuál era su olor, y qué visiones escondía tras la lectura más evidente de sus palabras.


(Qué introducción más larga, ah).



Las emociones y sensaciones detrás de "All Too Well (10 minutes version) (Taylor's Version)"


No estaba lista, empecemos por ahí.


Sí, claro, llevaba una eternidad soñando con escuchar esos 10 minutos de puro ardor, pero no estaba lista. Aun así, cuando finalmente lo hice, se sintió tan familiar y al mismo tiempo tan ajeno.


Todavía seguía ese fingerpicking del inicio, aunque ya no era tan acústico como en la versión del 2012. Esta versión se sentía más etérea, similar a un recuerdo que ves a través de una bola de cristal. Como el diario en el que escribiste a los 15, y que vuelves a leer a los 30. Pero al mismo tiempo, era imposible no percibir el dolor palpitando debajo de los adoquines de una voz madura y una relación estable (ojo, hablando de interpretación).


Entonces llegaron los nuevos versos, el nuevo sonido, redundantemente tan nuevo y diferente. Llegó ese "And I was thinking on the drive down, any time now, he's gonna say it's love, you never called it what it was" que se me metió desde la primera escuchada. Los colores esta vez se caracterizaban por su brillantez variopinta. Lo sentí como observar a través de un caleidoscopio: la versión del 2012 tenía una paleta de colores que resaltaba en tonos similares, pero esta de acá...¡Qué va! Esta brillaba en distintos matices; en azules, amarillos, anaranjados, verdes, raramente en rojos.


Es que "All Too Well" siempre fue anaranjado en su propia esencia.


"All Too Well" también siempre fue su puente inigualable. Es así que cuando lo escuché otra vez por primera vez, me sorprendí al no sentir a primera instancia, esa intensidad que usualmente empezaba a ebullir en la progresión de acordes que le precede al "Maybe we got lost in translation. Maybe I asked for too much". Luego pensé que quizás era a propósito, porque si esta nueva versión se sentía como una especie de vistazo al pasado, era también de suponerse que esa furia fresca no se encuentre más, y que por lo contrario, se perciba más como un reclamo maduro que sí, todavía puede ser profundo, iracundo y resentido. Porque, carajo, es como haber vivido 10 años sin la respuesta al por qué demonios sigues llamándome otra vez para seguir rompiéndome como una promesa, siendo tan cruel en nombre de la honestidad.


Además, había algo nuevo. Cuando creía que el puente ya estaba por acabar, volvía a renovarse. Mira, los ojos me brillaban por la emoción de encontrar nuevas frases con las que me pudiera identificar, como esa que dice "You said if we had been closer in age, maybe it would've been fine. And that made me want to die", y que tan bien me hubiese servido en el 2016, aunque era igual de válido en el 2020, porque ese segundo corazón roto me dijo una vez, una noche, cuando solo me llevaba 4 años de diferencia, que ojalá me hubiese conocido a mis 28 o a mis 30, cuando fuese más madura y no "reaccionara" como una niña.


Todo lo que había vivido en ese lapso de tiempo, entre el 2016 y el 2021, se había convergido en un torbellino emocional que terminó llevándome de vuelta a ese momento de la canción en la que el puente finalmente decide dejar de masacrar, para permitir que una repose en otra progresión de acordes. Siempre me pareció que ese breve lapso puramente instrumental, se asemejaba mucho a ese momento en el que terminas de dar un gran discurso en una gran pelea, y quedas agotada. Es ese silencio, esa mirada baja, ese estrujamiento en el corazón, donde el cuerpo solo te sirve para poder escurrirte por la pared hasta llegar al piso, donde tus rodillas son el único sostén que te puede mantener entera por unos minutos.


Es el deseo ingenuo de que ojalá todo hubiese sido diferente.


Y lo recuerdo muy bien, porque hubo un momento en el que estuve así.


Porque se siente el cansancio de cargar algo de a dos, siendo solo uno.


La canción continúa con el supuesto coro final, pero otra vez, todavía hay más.



Del otro lado de la misma moneda


"All Too Well" del 2012 es esa que sale de tu cabeza de manera intempestiva, es la catarsis en el sentido más puro de la palabra. Es incluso inevitable no sentir el dolor y la ira que desprende la voz de Taylor en esa versión, pero a ver, era de esperarse, todo era muy reciente. Por eso mismo, escuchar la canción aunque no hayas vivido algo parecido, dolía.


Y sí, esta nueva versión también duele, aunque de una manera diferente. El fuego es el mismo, igual de ardiente y caliente, pero a diferencia de antes, no amenaza con quemar el pueblo entero. O al menos no de una manera tan abrasiva.


La versión de 10 minutos de All Too Well tiene la sutileza de una navaja fina que te acaricia la piel. De ahí que al final, cuando crees que la llama ya está por apagarse, vuelva a tomar fuerza y se torne de un color azulado, que parece frío sin serlo, porque recuerda, el fuego es más caliente en su parte azul.


Es también como cuando crees que ya no tienes nada más que decir, y de pronto, te das la vuelta, miras a un lado, lo señalas y le dices con lo que te queda de voz "no, de hecho, ¿sabes qué?", y continúas.


Ya te digo que si antes creía que la parte más demoledora de la canción era el puente por el mero hecho de la intensidad, hoy te aseguro, que la parte que más me destruye, es la que le sigue a ese último coro. En especial, su outro repetitivo.


Porque hay algo hermoso en esa atmósfera gélida que desprenden los versos "And did the twin flame bruise paint you blue? Just between us, did the love affair maim you too? 'Cause in this city's barren cold I still remember the first fall of snow, and how it glistened as it fell, I remember it all too well".


Porque muchos piensan que cuando se acaba, solo se recuerdan los momentos juntos, las sonrisas, los toques, lo bonito y todo lo bueno. Pero también surge lo malo, esas listas de odio que te ayudan a superarlo todo más rápido, y la inevitable realidad de que en algún momento vas a tener que aprender a coexistir en una ciudad que dejó de ser solo tuya por un momento.


Está el sabor agrio de la primera noche, el primer día, la primera semana, el primer mes, el primer año, el primer aniversario que no se celebrará nunca, la primera vez que regresas a ese bar donde se tomaron esas cervezas, la primera vez que vuelves a caminar por ese parque, que te sientas en esa banca donde tuvieron esa charla profunda. Es que no puedo no pensar que esas primeras veces son tan agrias como lo son de dulces las otras primeras veces de una relación. ¿Será acaso la naturaleza recobrando su equilibrio?


Y, Dios, ese "Just between us" que parece más una súplica, un ruego de que te digan de una vez por todas, que sí, que esa otra persona también la está pasando tan mal como tú, que desde luego, no fuiste la única que sintió esa desazón durante la relación. Porque no hay sensación más fea que preguntarse si la otra persona la está pasando igual de pésimo que tú. Y porque egoístamente, al fin y al cabo, esperamos que así sea.



De cómo, a pesar del gaslighting, lo recordamos todo muy bien


Una de las nuevas partes que amé de esta canción, es la de ese repetitivo "I was there, I was there" que va al final.


La primera vez que lo escuché, me acuchilló el alma, y tiene un porqué: el gaslighting.


A ver, vamos por partes. Antes de esta nueva versión, nunca había pensado en "All Too Well" como una canción que tratase el abuso psicológico y el gaslighting que puede haber en una relación. Pero ahora, con toda esa información nueva, y con las repeticiones constantes de un "lo recuerdo todo bien, yo estaba ahí", se me es imposible verlo de otra manera.


¡Es que tiene todo el sentido del mundo!


Tan solo imagínate estar en una relación donde constantemente dudas de ti, de tus reacciones, de lo que sucede a tu alrededor. Donde, por desgracia, te cuestionas a ti misma. Donde, al final, solo puedes pensar "¿es que acaso estaba yo sola cuando me prometió todas esas cosas? ¿o es que acaso lo inventé? ¡No! Yo estaba ahí. Estaba ahí y lo recuerdo todo muy bien. Lo recuerdo tan bien que puedo decirte cómo fue el día, qué hacíamos, qué dijo su mamá, y que casi se cruza la luz roja porque no dejaba de verme".


Para alguien que nunca deja de darle vueltas a lo sucedido, intentando encontrar el inicio y el final de algo, esos versos repetitivos son tan solo la verbalización del sonido de nuestras cabezas.


Es triste darte cuenta de que por mucho tiempo han invalidado tus emociones, al punto de tener que re-confirmarte lo que sucedió, en búsqueda de tu sanación mental.


Que sí, que pudo ser amor y pudo ser real, porque estuviste ahí, ¿cierto? Estuviste ahí cuando te miraba tan detenidamente y pasaba sus manos por tu cabello de una manera tan tierna. Cuando te dijo que no había conocido a nadie como tú. Estuviste ahí durante todas esas primeras veces y lo recuerdas bien. Entonces, ¿cómo es que todo dejó de funcionar? ¿Cómo simplemente se pudo acabar? ¿En qué momento dejaron de entenderse? ¿Acaso tú...acaso tú pediste demasiado? ¡No! Porque estabas ahí y lo recuerdas bien. Recuerdas cómo corrió asustado, lo recuerdas como recuerdas el viento en tu cabello.


Ya me dirás si es que hay algo peor a que te hagan creer que estás loca cuando no es así.


Pero hay algo más, una jugarreta que, creo yo, Taylor Swift supo aplicar en el cortometraje/video musical de la canción.


Otra vez, me refiero al repetitivo "I was there, I was there" del final.


Y es muy simple.


Sí, durante todo el cortometraje pudimos observar las escenas de las que se hablan en la canción, e incluso nos emocionamos al final cuando Sadie Sink se convirtió en Taylor Swift 13 años después (lo que por cierto, no es un periodo corto de tiempo, considerando que el personaje escribió un libro de una relación de la que, al parecer, sigue recordando todo muy bien). Sin embargo, hay algo interesante que se puede apreciar en el lenguaje audiovisual: los colores de las luces.


Ya, que esto es netamente de la canción, pero prometo que hay un punto al que quiero llegar. Del cortometraje como tal hablaremos luego en su respectiva columna, porque se lo merece. <3


Bueno, retomando. Para hacerlo breve, las luces amarillas representan ese amor que hubo en la relación, la permanencia, el recuerdo intenso. Lo vemos mucho en el personaje de ella, pero al final, cuando Taylor grande sale de su casa para ir a la presentación de su libro, podemos notar que apaga la luz como si no tuviera mayor importancia. Es válido deducir que es porque ahora, después de tanto tiempo, esa relación ya no le afecta como antes, y que es tan capaz de recordarla sin dejar que le afecte de una manera negativa.


Y aquí va lo interesante.


Mientras Taylor hace la lectura de su libro (que por cierto, es la lectura de la canción), el personaje del chico aparece observándola desde afuera, a través de un ventanal mientras usa la chalina roja y suena ese "I was there, I was there" constante. ¡Y ahí lo tienes! ¡Ahí está la jugada!


Como te mencioné antes, para mí, la repetición de esos versos eran únicamente desde el punto de vista de la misma chica, asegurándose de que lo que pasó fue real. En cambio, ahora se trataba de él. Sí, sobre él, ese mismo que tiene esos zapatos en los que no nos queremos poner.


Porque ahora es sobre alguien que dice "sí, yo también estaba ahí y lo recuerdo como tú. Estaba ahí, estaba ahí, lo recuerdo, recuerdo tu cabello en el viento, y sí, la llama también me pintó de azul, y este romance también me afectó, te lo digo ahora solo entre nosotros dos, porque mierda, sí, lo recuerdo todo muy bien, debajo de las escaleras, como una oración sagrada, como lo raro que fue, lo recuerdo muy bien".


Y la odio por eso. 🙃


La odio porque como alguien que se identificó tanto con esa canción, y que la usaba para sentirse bien cada vez que pensaba en cómo todo era una obra de arte hasta que la destruyó, solo quería sentir el dolor, la cólera y el reproche por esa otra persona que la cagó.


Pero ahora, con esa nueva revelación—y como alguien que escribe y que tiene algo de empatía—solo puedo pensar en que a veces simplemente la cagamos sin querer. Sí. Es cierto. Sucede. No es que no queramos que funcione, o no es que no sintamos lo mismo o demasiado, es que simplemente no sabemos llevar ese tipo de relación, y quizás eso fue lo que le sucedió a este chico. Quizá no supo cómo amar bien por diversos motivos, lo cual no es una justificación. Y eso no quita la intensidad del sentimiento. Porque todos, sea en una relación o no, no hemos actuado siempre de acuerdo a lo que sentíamos. ¿Es que acaso nunca has pensado por qué reaccionaste de tal manera cuando sentías algo distinto?


El "I was there" del chico es la redención de su estupidez. El "lo siento, la cagué, pero te quise y te quiero y no dejo de pensar en ti y me alegra que te vaya bien, yo de lejos aplaudiré por ti, porque lo recuerdo todo bien".


Otra vez, todo esto es solo una propia interpretación de los hechos. Pero qué interesante es cuando agregando un elemento distinto a algo que ya estaba listo, la lectura cambia, ¿no crees? La canción por sí sola toma un punto de partida constante, un mismo emisor, un mismo personaje con un solo punto de vista, el cual da un giro por completo cuando se presentan los hechos de un modo visual.


Lo que me han dicho sobre alguien más y lo que he vivido por mi cuenta, me hace decir que a veces, uno sí la está pasando terrible, a pesar de que no se vea así. Mi bloc de notas del celular lo sabe mejor que yo. ¡Qué cosas no he escrito en medio de una salida a la 1 am, entre 5 vasos de trago! Porque resulta que no se trata de cervezas ni de licores, ni de risas ni de amores, lo que se tiene que recordar se va a recordar. No hay manera de escapar de eso. Demorará lo que tenga que demorar.


E incluso así,


cuando creas que ya todo está dicho y hecho,


lo seguirás recordando todo muy bien.